Qué tarjeta gráfica comprar

La gráfica es la pieza que más determina a qué resolución y con qué fluidez vas a jugar, y también la que más fácil es comprar mal: no por elegir un modelo flojo, sino por elegir uno que no cabe, que la fuente no alimenta, o que se queda corto de memoria justo en tu monitor.

1. Empieza por la resolución de tu monitor, no por el presupuesto

La resolución a la que juegas define cuánta memoria de vídeo (VRAM) necesitas. Comprar por encima no da fluidez extra; comprar por debajo provoca tirones y texturas borrosas por mucha potencia que tenga el chip.

Resolución VRAM mínima VRAM cómoda
1920×1080 (Full HD) 8 GB 12 GB
2560×1440 (QHD) 12 GB 16 GB
3840×2160 (4K) 16 GB 16 GB o más

Estos valores son para juego actual con calidad alta. Si además usas la gráfica para edición de vídeo, modelado 3D o modelos de IA en local, sube un escalón: esas cargas consumen VRAM con mucha más facilidad que los juegos.

2. La VRAM no sustituye a la potencia del chip

Es el malentendido más común. La cantidad de memoria marca hasta dónde puede llegar la tarjeta antes de atragantarse, pero la velocidad la pone el procesador gráfico. Una tarjeta modesta con 16 GB no rinde más que una superior con 12 GB: simplemente aguanta mejor las texturas muy grandes.

Por eso el orden correcto es: primero decides la gama del chip por la resolución y los fotogramas que quieres, y solo después compruebas que la memoria acompaña.

El tipo de memoria también cuenta

No es lo mismo GDDR6 que GDDR6X o GDDR7: a igual cantidad, las más rápidas mueven más datos por segundo. Es un factor secundario frente al chip, pero explica que dos tarjetas con los mismos gigas no rindan igual.

La trampa: el mismo nombre con memorias distintas Es habitual que un mismo modelo comercial se venda en dos versiones con distinta VRAM — por ejemplo una variante de 8 GB y otra de 16 GB con el mismo nombre y una diferencia de precio considerable. No son el mismo producto, y la de menos memoria envejece mucho antes. Comprueba siempre los gigas en el título exacto de la oferta, no en el nombre del modelo.

3. Las dos comprobaciones físicas que se olvidan

¿Cabe en la caja?

Las gráficas de gama media y alta pueden pasar de 30 cm de largo, y muchas ocupan tres ranuras de altura. Antes de comprar, busca la longitud máxima de tarjeta que admite tu caja (los fabricantes la publican) y compárala con la longitud de la tarjeta. Es un error caro porque se descubre con el paquete ya abierto.

¿La alimenta tu fuente?

Mira el consumo declarado de la tarjeta y súmale el resto del equipo. Como referencia práctica, conviene que la fuente tenga bastante margen sobre el consumo total, porque los picos instantáneos superan la media. Comprueba además que tiene los conectores que pide la tarjeta: algunos modelos recientes usan un conector distinto al clásico de 8 pines.

4. Salidas de vídeo

Antes de decidir, mira qué entradas tiene tu monitor y qué salidas trae la tarjeta. Para altas frecuencias de refresco a resoluciones altas, DisplayPort suele dar más margen que HDMI, y algunas tarjetas modernas ya no incluyen DVI. Si tu monitor es antiguo, confirma que no vas a necesitar un adaptador.

Resumen

Guía informativa, sin precios ni recomendación de tienda. En Korguía estamos construyendo un comparador que distingue estas variantes automáticamente: la cantidad de memoria y el modelo de chip forman parte de la identidad del producto, precisamente para no mezclar en una misma ficha ofertas que no son del mismo artículo. Ver todas las guías.